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Los dedos  

de los pies 

2.1 El arte de sostenerse 

Estar de pie parece algo simple, automático. Lo hacemos todos los días sin prestarle demasiada atención. Pero cuando lo observamos con detenimiento, descubrimos que no todas las formas de sostenerse son iguales… y que muchas veces lo hacemos de un modo que no nos beneficia.

Los pies son mucho más que una base física: son el puente vivo entre el cuerpo y la tierra. A través de ellos sentimos estabilidad, dirección y arraigo. Desde la psicología se reconoce que la manera en que apoyamos los pies puede reflejar aspectos emocionales profundos, incluso huellas de nuestra relación temprana con lo materno y con el pasado. Caminar y

pararse no son actos meramente mecánicos; también expresan cómo nos organizamos frente a la gravedad y frente a la vida. Son muchas veces, la expresión silenciosa de cómo nos sentimos parados en el mundo.

Por eso, antes de entrar en los principios biomecánicos que explican cómo se distribuye el peso o cómo se alinean las articulaciones, este capítulo propone algo más profundo: despertar la percepción del cuerpo en la verticalidad. Sentir cómo te apoyás, cómo te sostenés y cómo te enraizás en el suelo; percibir cómo te alineás con la gravedad y con tu propio eje.

Aprender a pararse mejor no es solo aliviar dolores, prevenir lesiones o mejorar la apariencia. Es recuperar una fora de sostenerse mas natural, eficiente y amable con el cuerpo. Es recolectar con el eje.

 

En definitiva, es aprender a esta de pie sin lastimarte.

2.1 Dedos de los pies

La postura comienza en el contacto que el cuerpo establece con la tierra. Y dentro de ese contacto, los dedos de los pies cumplen un rol fundamental: sostienen el peso del cuerpo, distribuyen las cargas, informan al cerebro sobre el equilibrio y organizan la estabilidad

desde la base. Cuando los dedos trabajan bien, todo el cuerpo se alinea mejor.

Podemos hablar, entonces, de una verdadera inteligencia plantar. Los dedos no son accesorios anatómicos: son extensiones activas de la base de apoyo. Perciben, informan, ajustan y estabilizan de manera constante.

 

Cada uno contiene mecanorreceptores que

envían información al sistema nervioso —especialmente al cerebelo— para regular el equilibrio y la postura. Gracias a esa retroalimentación continua, el cuerpo realiza microajustes automáticos que nos permiten permanecer de pie con eficiencia y sin esfuerzo consciente.

dedos de los pies

Para que los diez dedos trabajen en armonía, es esencial que estén alineados en la misma dirección. Si tus pies suelen apuntar hacia los costados, no hace falta corregir los dos a la vez. Probá este ajuste sencillo: llevá el peso hacia la zona de los dedos de un pie, levantá

apenas el talón y giralo suavemente hasta que ambos pies queden paralelos. Ese pequeño gesto reorganiza la base de apoyo y le da a tu cuerpo una estabilidad inmediata.

Después, separá los dedos entre sí y asegurate de que cada uno tenga su propio contacto con el suelo, incluso el más pequeño —el quinto dedo—, que muchas veces queda olvidado.

 

Sentí cómo cada dedo participa, como si tuviera presencia propia.

Cuando los dedos amortiguan bien, mejora el balance, la eficiencia en la transmisión de

fuerzas y la capacidad de absorber impactos. La estabilidad se vuelve mas económica. Al

mismo tiempo, disminuyen las reacciones defensivas innecesarias del cuerpo que suelen

generar rigidez y tensión.

 

El resultado es una base más viva y estable, acompañada de una sensación de mayor

relajación y confort que no solo se siente en los pies, sino que se transmite hacia las

rodillas, la pelvis, la columna y hasta la cabeza.

 

Despertar los dedos es despertar la postura

entera.

dedos de los pies2

Por el contrario, cuando los pies se orientan hacia los costados o los dedos no participan activamente, el peso deja de distribuirse de manera equilibrada. El cerebelo —que coordina el equilibrio y la postura— interpreta esa falta de apoyo como un signo de inestabilidad y activa tensiones musculares automáticas para “sostenernos”. Estas compensaciones suelen aparecer arriba: la cabeza se adelanta, los hombros se elevan y el tronco se curva en una postura cifótica. Es el mismo reflejo que experimenta alguien a punto de perder el equilibrio: el cuerpo endurece para no caer. Con el tiempo, esto se traduce en cuello rígido, contracturas, dolor de cabeza, hombros adelantados, menor movilidad torácica y una

respiración más limitada.

Cuando los pies se desvían hacia los lados o quedan fuera de eje, la mecánica de apoyo se altera. Los dedos —cada uno con un rol específico en la estabilidad, la propulsión y la amortiguación— pierden participación y el reparto de cargas se vuelve desigual.

En personas con pies planos o con tendencia al juanete (hallux valgus), el peso suele dirigirse hacia la zona interna del pie, sobrecargando el primer metatarsiano y modificando

la bóveda plantar. En los pies cavos, en cambio, el apoyo se desplaza hacia el borde externo, disminuyendo la participación del arco interno y de los dedos laterales, lo que reduce la

eficacia del impulso y aumenta la tensión en tobillos, rodillas y zona lumbar.

 

Al no distribuir el peso de manera uniforme, aparecen zonas de sobrecarga que pueden inflamar tejidos y producir dolor: fascitis plantar, espolón calcáneo, juanetes, dedos en garra o molestias crónicas en la planta del pie. La falta de participación activa de los dedos también reduce el “efecto bombeo” natural del pie, dificultando la circulación y debilitando progresivamente su estructura.

En resumen, no usar bien los dedos no solo afecta la postura al estar de pie: compromete la estabilidad, el equilibrio y la seguridad en cada paso que damos.

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  • La importancia de los dedos de los pies
  • Entrevista del libro a Mariano Maradei
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  • Historia de la terapia 
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  • En la vida diaria (1 y 2) 
  • En aikido (1 y 2) 
  • En lesiones medulares
     
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Mariano Maradei 
Terapista Físico / Fisioterapista
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