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almohada supino2

Colocar almohadas 

al descansar

12 Almohadas para dormir

12.1 Dormir boca arriba 

Una almohada adecuada debe sostener la cabeza y el cuello manteniendo la columna cervical alineada con el resto del eje vertebral. Así, los músculos pueden relajarse

verdaderamente, sin tensiones ni esfuerzos innecesarios; disminuye la presión sobre las articulaciones y los discos intervertebrales y mejora la circulación sanguínea hacia la cabeza. Este equilibrio postural favorece tanto la calidad del descanso como la salud

general de la columna.

 

Las almohadas ortopédicas o ergonómicas modernas se diseñan para adaptarse a la anatomía de cada persona. Algunas incorporan materiales viscoelásticos (memory foam), geles refrescantes o zonas de contorno que acompañan la curva cervical sin rigidez. Otras permiten regular su altura o densidad, hasta encontrar ese punto exacto donde el cuello se siente sostenido pero libre, estable y sin presión.

almohada supino.png

Colocar una o dos almohadas grandes debajo de las rodillas produce un pequeño, pero significativo, ajuste biomecánico: disminuye la curvatura lumbar (lordosis fisiológica) y libera la tensión de los músculos de la zona baja de la espalda y la pelvis. Al elevar suavemente las piernas, se favorece además el retorno venoso y linfático, lo que mejora la circulación y ayuda a que la sangre y los líquidos retornen con mayor facilidad hacia el corazón. Esa sensación inmediata de alivio al apoyar las piernas sobre un plano más alto tiene una base real: es el resultado de una mejor distribución de presiones y una relajación muscular profunda.

Si además se coloca un almohadón grande o varias almohadas bajo las pantorrillas, los pies permanecen alineados hacia el frente, evitando que caigan hacia afuera o hacia adentro por el peso de las sábanas. Este detalle estabiliza caderas, rodillas y tobillos, proporcionando una sensación de descanso más uniforme en todo el tren inferior. Las personas con hernias discales, lumbalgias, molestias de cadera o rodillas, o con trastornos circulatorios, suelen sentir un alivio inmediato con este tipo de apoyos bien distribuidos.

almohadas supino.png

También puede ser útil colocar pequeñas almohadas bajo las manos, con las palmas hacia

arriba o apoyadas sobre el pecho, el abdomen o la pelvis, especialmente cuando existen

molestias en los hombros. Lo importante es que éstos permanezcan descendidos, cercanos

al colchón y sin tensión, evitando que queden suspendidos o proyectados hacia adelante.

No es necesario mantener esta posición durante toda la noche. Bastan algunos minutos — al recostarse o para conciliar el sueño— para favorecer la relajación de la musculatura lumbar y cervical, equilibrar la respiración y preparar al sistema nervioso para un descanso más profundo. Permanecer un momento en esta postura también puede aliviar molestias en la espalda o el cuello después de un día de esfuerzo, entrenamiento o muchas horas sentado.

 

Cuando la alineación es la adecuada, el cuerpo entra en un estado de reposo integral: los músculos se descargan, la respiración se amplía, las vísceras encuentran espacio y el sistema nervioso desciende su nivel de alerta. La calidad del sueño depende tanto del silencio y la oscuridad como de la precisión biomecánica del cuerpo al descansar.

Por el contrario, si la almohada del cuello es demasiado alta, la cabeza queda inclinada hacia adelante o hacia un costado, lo que obliga a los músculos cervicales a sostener una torsión constante. Esta postura rectifica la curvatura natural de la columna cervical, comprime articulaciones y discos, y genera tensiones que se manifiestan como rigidez, dolor de cuello, contracturas, cefaleas, mareos, hormigueo en las manos o zumbidos en los oídos. Además, al alterar la alineación cervical, puede disminuir el retorno venoso cerebral y afectar la oxigenación durante el sueño.

 

Si la almohada es demasiado baja, la cabeza se retrae y el cuello queda en extensión, forzando nuevamente las estructuras cervicales. En ambos casos, el descanso se interrumpe, los tejidos se sobrecargan y el cuerpo reproduce los mismos patrones de tensión que muchas personas intentan aliviar con terapias posturales o masajes.

 

En situaciones más marcadas, una almohada inadecuada puede incluso comprimir vasos o nervios que pasan por la base del cuello, dificultando el flujo sanguíneo hacia brazos y manos. Esto genera el clásico entumecimiento o adormecimiento nocturno, que muchas veces se atribuye erróneamente a problemas circulatorios cuando, en realidad, se origina por una compresión postural mantenida durante horas.

Colocación del almohadón

1

Coloca el borde de la almohada grande o almohadón a la altura de tu hombro,

y contáctalo con el cuerpo.

colocación de almohadón 1

(o almohada grande)

colocación de almohadón 3

2

Dóblalo por la mitad con la otra mano y junta los extremos.

3

Si lo colocas de esta forma el efecto del mismo podrá generar un efecto de tracción o descompresión de la columna a nivel lumbar, de las caderas y de las rodillas.

 

Así darás descanso y relajación a esa zona.

colocación de almohadón 2

12.2 Dormir de lado

Dormir de costado permite mantener la columna en una alineación relativamente neutra, favorece la expansión torácica y mejora la respiración. Además, reduce los ronquidos y los episodios de apnea del sueño, y resulta especialmente indicada durante el

embarazo o en personas con insuficiencia

venosa o tendencia a la hinchazón de

piernas y pies.

dormir de lado

En esta posición, la elección de la almohada cervical es tan importante como al dormir boca arriba. Debe sostener la cabeza y el cuello de manera que la columna cervical continúe la línea del resto del eje vertebral, sin quedar ni inclinada hacia arriba ni caída hacia abajo.

 

La altura ideal depende del ancho del

hombro: la almohada debe llenar

exactamente ese espacio para que la

cabeza se mantenga en el eje central. Los

modelos viscoelásticos o ergonómicos

con forma anatómica suelen adaptarse

bien, ya que distribuyen el peso sin crear

puntos de presión y conservan el soporte

estable durante toda la noche.

Colocar una almohada entre las rodillas

ayuda a mantener caderas y pelvis alineadas, evitando que la pierna superior gire hacia adelante y arrastre la columna lumbar en rotación. Este simple apoyo reduce la torsión pélvica, descarga la zona baja de la espalda y previene el roce óseo entre las rodillas, muy común en personas delgadas o con artrosis.

Abrazar una almohada con el brazo superior también aporta estabilidad: mantiene el omóplato alineado hacia atrás y hacia abajo, evitando que el hombro se adelante o quede suspendido en el aire. Este gesto, además de ofrecer contención emocional, mejora la

apertura torácica y la respiración. Una pequeña almohada adicional entre los tobillos impide la fricción directa y favorece el confort, especialmente en quienes tienen sensibilidad cutánea, edemas o problemas circulatorios.

Dormir sobre el lado izquierdo ofrece beneficios adicionales reconocidos: favorece el retorno venoso y linfático, disminuye la carga de trabajo del corazón, mejora el tránsito intestinal y facilita la digestión. En embarazadas, esta posición aumenta la irrigación

placentaria y la oxigenación fetal. Puede complementarse con una almohada pequeña bajo el abdomen para brindar soporte y contención, evitando que el peso del útero traccione la zona lumbar.

Dormir sobre el lado derecho puede ser útil en algunos casos de reflujo gastroesofágico leve, ya que disminuye la compresión abdominal sobre el estómago. Sin embargo, suele ser

menos recomendable para personas con ciertas patologías cardíacas, porque puede aumentar levemente la presión sobre el corazón. En cualquier caso, lo importante no es

forzar una postura única, sino encontrar la variante que brinde mayor alivio y estabilidad, respetando la anatomía de cada cuerpo.

Por el contrario, si la almohada cervical es demasiado alta, la cabeza quedará inclinada hacia arriba, forzando la flexión lateral del cuello y tensionando los músculos cervicales. Si, en cambio, es demasiado baja, la cabeza se hundirá hacia abajo, extendiendo en exceso las

articulaciones y los discos intervertebrales. Ambas situaciones alteran la alineación del eje, comprimen estructuras nerviosas y pueden generar dolor de cuello, contracturas, cefaleas o mareos al despertar.

 

Dormir de lado sin una almohada entre las piernas también genera presión interna entre rodillas y tobillos. El roce entre las zonas óseas o el peso de una pierna sobre la otra provoca molestias, sobre todo en personas con dolor, sensibilidad aumentada o poca movilidad. En casos de artrosis o trastornos neurológicos, esa presión sostenida puede incluso irritar la piel o comprimir tejidos blandos. Colocar una almohada o un cojín entre las piernas no solo previene estas molestias sino que ayuda a mantener la pelvis equilibrada y la columna libre de torsiones.

12.3 Dormir boca abajo

Dormir boca abajo es una postura que muchas personas eligen por la sensación de contención y calma que produce, ya que el contacto del pecho y el abdomen con la superficie puede generar una sensación de seguridad similar a la que se experimenta al ser

abrazado. Sin embargo, desde el punto de vista postural y biomecánico, es la menos recomendable cuando se mantiene durante muchas horas sin adaptaciones adecuadas. En

esta posición, la cabeza se ve obligada a girar hacia un lado para permitir la respiración, lo que provoca una rotación cervical prolongada y asimétrica que comprime músculos, articulaciones y nervios. A esto se suma que el abdomen queda presionado contra el

colchón, acentuando la curvatura lumbar y aumentando la carga sobre las articulaciones posteriores de la columna. Esta combinación de torsión cervical y extensión lumbar

sostenida puede derivar con el tiempo en contracturas, cefaleas tensionales, parestesias en las manos o dolor lumbar matutino.

Existen, sin embargo, algunas adaptaciones que pueden disminuir las tensiones derivadas de esta postura. Colocar una almohada muy fina o incluso prescindir de ella bajo la cabeza ayuda a reducir la extensión cervical y a mantener una posición más neutra del cuello.

Poner una almohada delgada bajo el abdomen o la pelvis permite disminuir la lordosis lumbar y repartir mejor las presiones, evitando que el peso recaiga únicamente sobre la zona baja de la espalda. También puede colocarse un pequeño apoyo bajo los tobillos para

reducir la tensión en los empeines y favorecer la alineación de piernas y pelvis. En personas que tienden a arquear demasiado la zona lumbar, flexionar levemente una pierna sobre una almohada lateral puede aliviar la cadera y descargar la zona lumbosacra.

Inspirarse en la disposición de las camillas de masaje puede resultar útil: un soporte con apertura para la cara permitiría mantener el cuello alineado y respirar sin necesidad de girar la cabeza, reduciendo así la torsión cervical. Aunque no es algo habitual en el

descanso doméstico, actualmente existen adaptadores y almohadas con hueco central que pueden resultar prácticas, especialmente en personas con molestias cervicales o en viajes prolongados. En cuanto al colchón, se recomienda una firmeza media que no hunda el abdomen ni rigidice la postura, y materiales viscoelásticos o de espuma de alta densidad que distribuyan las presiones de forma equilibrada.

 

Aun con estas adaptaciones, dormir boca abajo continúa siendo la posición más desfavorable para el equilibrio corporal global. La rotación cervical prolongada, la sobrecarga lumbar y la presión mantenida sobre tórax y abdomen alteran la respiración,

comprimen órganos internos y aumentan el riesgo de inflamación y dolor vertebral.

Por el contrario, cuando no se coloca una almohada bajo el abdomen o la pelvis, el peso del cuerpo se concentra en la región lumbar, lo que incrementa la curvatura natural de la espalda y acentúa la lordosis. Esto provoca un arqueo excesivo que comprime las

articulaciones posteriores de las vértebras, sobrecarga los músculos paravertebrales y genera una tensión constante en la zona baja de la espalda. El abdomen, al quedar presionado directamente contra el colchón, empuja hacia adelante las vísceras y dificulta la respiración diafragmática, reduciendo la amplitud de los movimientos respiratorios y aumentando la rigidez torácica. Con el tiempo, esta presión sostenida puede favorecer la aparición de molestias digestivas, lumbalgias, rigidez matutina o sensación de cansancio al

despertar, ya que la musculatura nunca logra relajarse completamente. Sin ese apoyo bajo el abdomen, el cuerpo pierde su equilibrio interno durante el descanso y la columna, en

lugar de recuperarse, permanece en una posición forzada que perpetúa las tensiones acumuladas durante el día.

 

De igual modo, si se utiliza una almohada alta bajo la cabeza o el cuello mientras se está boca abajo, la curva cervical se acentúa de manera excesiva, aumentando la compresión entre las vértebras y generando tensión en los músculos posteriores del cuello y de la zona alta de los omóplatos. Esta hiperextensión mantenida puede producir contracturas, rigidez matutina y una disminución del flujo sanguíneo hacia la cabeza y las extremidades superiores. Como consecuencia, pueden aparecer dolores de cabeza, sensación de mareo, hormigueo en las manos y tensión persistente en la nuca y la zona escapular alta. El uso de una almohada demasiado alta, en esta posición, transforma lo que podría ser un descanso en una fuente silenciosa de desequilibrio y fatiga para todo el sistema musculoesquelético y circulatorio.

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  • En aikido (1 y 2) 
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Mariano Maradei 
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